Así te engañas cada día pensando que “estás haciendo algo”

Al final, todo se reduce a esto

No se vende el resultado.
Se vende la ilusión del resultado.

No se vende libertad, se vende comodidad.
No se vende progreso, se vende la sensación de estar cerca.

La mayoría de la gente no compra transformación.
Compra tranquilidad.

Tranquilidad de decirte a ti mismo
“Estoy en algo.”
“Ya me he apuntado a un programa.”
“Ya estoy haciendo algo por mi negocio.”

Aunque, en el fondo, no haya cambiado absolutamente nada.

Por eso funcionan tan bien los mensajes suaves, bonitos y cariñosos.
No incomodan. No exponen. No exigen decisión.
Regalan una emoción barata, alivio temporal.

Mientras exista el deseo de vivir sin conflicto, sin riesgo y sin exposición,
la ilusión va a seguir siendo el producto más valioso del mundo.

Es lo único que todos quieren
y casi nadie se atreve a decir.

Aquí viene el puñetazo

No solo tus clientes compran ilusión.
Tú también.

Cada vez que consumes información sin aplicarla,
estás comprando tu propia ilusión de progreso.

  • Lees libros.

  • Haces cursos.

  • Guardas posts.

  • Apuntas ideas en la libreta.

Y te sientes “un poco mejor”, como si hubieras avanzado.
Pero el teléfono sigue sin sonar.
Las conversaciones siguen sin pasar.
Y la cuenta bancaria no sube.

La única forma de empezar a avanzar es que no analices tanto y empieces a hacer.

Si una nueva información cambia tus creencias, acéptala y sigue adelante.
No pierdas tiempo justificando lo que ya no sirve.

Como cuando eras niño, sin resistencia, sin orgullo.

El que más rápido asimila y aplica nueva información, gana.
Siempre.

Comprender puede esperar.
Aplicar, no.

Mira tu última semana:

  • ¿Cuántas cosas has entendido mejor?

  • ¿Y cuántas has aplicado de verdad en una llamada, en un email, en una reunión?

Si la respuesta es “He entendido mucho y aplicado poco”,
no te falta conocimiento.
Te sobra ilusión de progreso.

Y esa, hoy, es la droga más cara que existe.

Mentoría

P.D. Si has pensado “uffff, esto soy yo” y después cierras el email sin cambiar nada… acabas de comprar otra dosis de ilusión disfrazada de progreso.

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Lo que te contaron del dinero… era mentira