La suerte es la excusa de los mediocres

El otro día estaba tomando un café, tranquilo en la cafetería de siempre.
En la mesa de al lado había dos personas de unos cuarenta años charlando.
Como me gusta escuchar, y los tenía literalmente al lado, no pude evitar oír la conversación.
No es que sea chusmeta ehh, o tal vez lo soy un poco jeje.

Hablaban de un amigo que no estaba ahí, claro. Así es más fácil.
Al parecer, al tipo le ha ido muy bien.
Empresa propia, buena vida, una casa bonita, buen coche, viajes.
Vamos, que vive como un rey.

Y la conversación fue exactamente la que te imaginas.

Que si tuvo suerte.
Que si estaba en el lugar indicado en el momento justo.
Que si conoció a la persona adecuada.
Que si hoy en día cualquiera, con un poco de suerte, puede montar algo y que le vaya bien.

Ni una sola vez hablaron de trabajo.
Ni de decisiones difíciles.
Ni de riesgos.
Ni de errores.
Ni de años jodidos.

Solo suerte.

Y mientras los escuchaba me di cuenta,
no estaban hablando de su amigo.
Estaban protegiendo su ego.

Durante años creí lo mismo que ellos y casi todo el mundo.
Que si no tienes la vida que quieres es por culpa del gobierno.
Por culpa de la educación que recibiste.
Por culpa del país donde naciste.
Por culpa de tus padres, de tu pareja, de tus hijos.
Por culpa del sistema, de la mala suerte o de cualquier cosa que no seas tú.

Pero no.
Lo que te jode la vida no es nada de eso.

Es tu ego.

El ego es el que no te deja aceptar una verdad muy incómoda,
que hay gente que ha conseguido lo que tú no has conseguido porque es mejor que tú.
Punto.

Reconocerlo duele.
A mí me costó años hacerlo.
Pero el día que lo aceptas pasa algo importante.

Se te abren dos caminos.

El primero es el camino largo.
Copiar.

Copiar sin opinar.
Copiar sin cuestionarte si eso funcionará para ti o no.
Copiar sin debates mentales absurdos.
Hacer lo que hace alguien que ya está donde tú quieres estar.
Y repetirlo durante años.

El segundo es el camino corto.
Pagar.

Pagar para ahorrarte años de errores y frustración.
Pagar a un mentor que esté donde tú quieres estar.
Que gane lo que tú quieres ganar.
Que viva como tú quieres vivir.

Ya sé lo que estás pensando.
“Este quiere venderme una mentoría o una formación”.


Claro que quiero venderte. Soy vendedor.
Y sé que puedo ayudarte.

Y porque yo hago exactamente lo mismo.
Yo pago a mentores que están donde yo quiero estar.
Y hago lo que me dicen sin cuestionar.

Pero esto no se trata de mí.
Ni de que me elijas o elijas a otra persona.

Se trata de cambiar el chip de una vez.
De que dejes de pensar que la gente a la que le va bien tiene suerte.
La suerte no tiene nada que ver.

O sigues protegiendo tu ego…
o empiezas a hacer lo que hacen los que sí llegan.

No hay tercera opción.

Mentoría



P.D. Si sigues diciendo que otros tienen suerte, seguirás exactamente donde estás. El día que aceptas que alguien va por delante y decides aprender de él, ese día empieza a cambiar todo. Antes no.

Néstor Fernández

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