Vender es lo que separa deseos de resultados.

A veces me preguntan por qué sigo haciendo esto.
Por qué sigo vendiendo.
Por qué sigo enseñando a otros a vender.

Y la pregunta tiene sentido, porque vender no es cómodo. Nunca lo fue.
Hay momentos buenos, claro que sí, pero también hay muchos días de llamadas que no salen, reuniones que no avanzan, clientes que desaparecen y decisiones que pesan.

Podría haber tirado la toalla muchas veces.
Como casi todos.

La diferencia es que a mí vender me cambió la vida. Y cuando algo te cambia la vida de verdad, ya no puedes mirar hacia otro lado.

Empecé vendiendo cuando no había internet, cuando no había automatizaciones, cuando si querías comer tenías que salir a buscar al cliente, mirarlo a los ojos y aguantar el no sin deprimirte.
Aprendí a base de golpes, de errores, de cagarla mucho y de levantarme rápido.

Y con el tiempo entendí algo muy loco,
saber vender no te hace rico por arte de magia, pero te da algo muchísimo más importante.
Control.

Control sobre tus ingresos.
Control sobre tu tiempo.
Control sobre tus decisiones.

Cuando sabes vender, no dependes de la suerte, ni del algoritmo, ni del jefe de turno.
Puedes empezar de cero. Puedes caer y volver a levantarte.
Puedes crear oportunidades cuando no existen.

Por eso me gusta tanto lo que hago, incluso en los momentos difíciles.
Porque veo lo que pasa cuando alguien aprende a vender de verdad.

Veo a personas que dejan de mendigar clientes.
Veo a emprendedores que dejan de trabajar como animales para ganar migajas.
Veo a gente que empieza a poner precio sin temblar, a decir no cuando toca y a elegir con quién trabaja.

Y no es motivación barata, ni cuentos de gurú.
Es un método. Es un proceso.
Es entender cómo funcionan las personas y cómo se toman decisiones.

Por eso enseño.
Porque nadie merece una vida mediocre solo por no haber aprendido una habilidad
que se puede aprender y perfeccionar.

Si hoy estás cansado, frustrado o con la sensación de que podrías estar mucho mejor de lo que estás, no es que no valgas.
Es que probablemente estás improvisando.

En mi mentoría trabajamos eso.
Cómo vender con cabeza.
Cómo pensar como un profesional.
Cómo llevar las riendas de las conversaciones y dejar de depender de la suerte.

No es para todo el mundo.
Es para el que quiere una vida mejor y está dispuesto a hacer lo que toca para conseguirla.

Si quieres saber si encajas, respóndeme a éste correo y lo vemos.
Pero no te engañes pensando que el problema es el mercado, el precio o el momento.

Porque vender bien cambia vidas.
La mía la cambió.
Y puede cambiar la tuya también.

P.D. No aprender a vender tiene un coste.
No aparece en tu cuenta bancaria, pero se paga en estrés, dependencia y años perdidos.
La mentoría no es un gasto. Es la forma más rápida de dejar de improvisar y empezar a decidir.

Néstor Fernández

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La suerte es la excusa de los mediocres