El protocolo secreto del vendedor mediocre

La venta no es una charla de café con tu madre.

No estás ahí para entretener al cliente.
Estás para diagnosticar un dolor tan caro que le quite el sueño.

Si tu cierre se parece más a una súplica que a una consulta médica,
no tienes un “problemita de ventas”.
Tienes un problemón y te está costando carísimo.

Cuando te sientes atascado, agotado y persiguiendo sombras en vez de cerrar,
normalmente es porque tienes activado el Protocolo de Emergencia del Vendedor Mediocre.

Estas son las tres piezas lo alimentan

1. Ego al volante

El cliente suelta un “es caro”, “lo tengo que pensar”, “mándame info”…
y tu cerebro entra en modo defensa.

Empiezas a justificar. A explicar. A demostrar.

La objeción no es un ataque a tu ego.
Es información que te falta para poder cerrar.

En cuanto te lo tomas personal
dejas de preguntar
y el cliente toma el control.

Desde fuera se ve claro
ya no pareces un profesional que elige con quién trabaja,
pareces alguien que necesita esa venta.

2. Hablas de lo tuyo, no de lo que le duele a él

Te lanzas con tu discurso

“Trabajamos con una metodología propia, sesiones 1:1, herramientas, procesos, acompañamiento estratégico…”

Mientras tú hablas de tu película,
él solo está pensando

“¿Cuánto dinero dejo de perder contigo?”
“¿Qué problema desaparece de mi vida?”
“¿Qué riesgo dejo de correr?”

Tu cliente no quiere “sesiones”, ni “módulos”, ni “acompañamiento”.
Quiere dejar de perder clientes, dinero o reputación. Punto.

Por ejemplo

  • En vez de: “Te ayudo con tu proceso comercial.”

  • Mejor: “Te ayudo a dejar de perder buenas oportunidades porque tu venta se cae en la última fase.”

Si no aterrizas su problema en una frase que duela,
todo lo que dices suena a cuento.
Y eso se ignora.

3. Necesidad oculta (aunque jures que no)

Por dentro piensas “Tengo que cerrar esto como sea”.

Y se nota.

Persigues.
Regalas tiempo.
Bajas precio.
Aceptas condiciones que no te compensan.

En cuanto pareces tú el necesitado, se acabó
el que persigue, pierde.

La mentalidad que funciona es otra

“Quiero esta venta, me viene genial.
Pero no la necesito para sobrevivir.”

Ahí vuelves a tener poder de decisión.
Y el cliente lo nota.

La mayoría de vendedores no falla por talento.
Falla por esta mezcla, ego, discurso centrado en ellos y necesidad que se huele a kilómetros.

Si quieres salir del modo “mendigo” y vender como un profesional, necesitas un sistema que te devuelva el control de la conversación y el foco en el problema caro.

Eso es lo que trabajamos en mi mentoría 1:1: eliminar estos tres fallos y ajustar tu forma de vender para que cierres sin arrastrarte.

👉 Aquí tienes el plan para dejar de mendigar por ventas y empezar a vender como médico, no como mendigo

Mentoría



P.D. Si te has visto en más de un punto y lo dejas pasar, el problema ya no es el cliente, ni el mercado, ni el precio. Es seguir haciendo lo mismo esperando un milagro.

Néstor Fernández

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